Cabreo

Estoy MUY MUY MUY cabreado. El mosqueo ya me venía de antes, pero
darme cuenta de que he perdido el abono NO AYUDA. Los putos seguratas
que no se saben ni su propio reglamento no lo sabían, así que no
tienen relación PERO ME HAN HECHO ENFADAR. Darme cuenta de lo
miserable que es esa gente, distinta a los citados seguratas, ME HA
ENERVADO y ahí es donde empieza la historia.

Sé que hay una posibilidad de comprobar si puedo recuperarlo o si debo
darlo por perdido y me dirijo hacia ella. Pero las paradas del bus
pasan y ya no sé adónde me está llevando. Me da igual: tengo tiempo de
sobra que perder hasta que llegue la hora en que abra el Metro y pueda
saber si mi abono está entre los tornos y la escalera mecánica;
porque, si no lo encuentro allí tendré que confiar en que algún alma
simpática se lo haya entregado a los empleados que dejé a mis espaldas
al cruzar los tornos por la entrada abatible según las instrucciones
que me dieron.

Recuerdo que llegué a sacar el cupón allí pero que no funcionó con el
lector del torno; es por eso que crucé por la abatible e instantes
después tuvo que ser cuando el abono se deslizó entre la riñonera y el
vaquero sin llegar a entrar en ninguno de ellos.

El plan es quedarme esperando hasta poder entrar a las 6 a Diego de
León. Se puede hacer. El mosqueo me mantendrá despierto y puedo
aprovechar para leer y escribir. No he perdido el tabaco, como llegué
a temer en un principio – ha sido algo muchísimo peor, pero si
compruebo que NO está donde lo toqué por última vez entonces podré
asumir que está perdido y pensar en mi medio de transporte al trabajo
desde el lunes.

La bici es una opción, pero tengo que asegurar primero cómo guardarla al llegar.

Se me está pasando el malestar, pero aún duele. Odio perder dinero,
porque es tiempo de trabajo invertido. Hace que mi trabajo pierda
sentido. No quiero sentir esto.

Me hace pensar en abandonar la ciudad y aislarme digitalmente si es
necesario con tal de alejarme de la causa última de este sufrimiento.

Pensar que hay sufrimientos peores no me ayuda. Me hace sentir
mezquino y ni siquiera sé en qué estoy pensando exactamente.

“Quiero irme y me voy”, murmullaba para mis adentros mientras me
alejaba – helado de frío y con ganas de llegar a casa. Pero ahora
“casa” está dos horas más lejos.

Me está bien empleado por fiarme de una riñonera que ya había
demostrado ser traicionera.

Es algo que podría aplicar a aspectos sociales de mi vida.

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Acerca de @transonlohk

Alegría para luchar, ¡organización para vencer!
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