Endeudamiento temerario

Cito un extracto de “El pequeño capitalista” por Joaquín García Arranz, publicado en Rebelión hoy 2 de febrero de 2012:

Rebobinando, hemos hablado de reguladores, entidades financieras, Estados y de la gente que se endeudó temerariamente. En esta reflexión querría centrarme en estos últimos porque creo que no conviene olvidar una lección de las muchas que se pueden sacar de esta crisis: “Todos llevamos dentro un pequeño capitalista en potencia”.

Nos haríamos un flaco favor a nosotros mismos si no ejerciéramos una autocrítica social fuerte. El capitalismo no son sólo los bancos, el FMI, las agencias de calificación, Goldman Sachs, los especuladores, las grandes corporaciones transnacionales… Ellos son los mecanismos estructurales que sostienen el capitalismo pero el capitalismo no nos es ajeno.

Decimos que hay que ir hacia un mundo más sostenible pero eso de ir a la última tiene su aquel (el último móvil de pantalla táctil, el ordenador de más capacidad…); decimos que hay que conciliar la vida laboral y la vida familiar pero no se ve con malos ojos eso de poder comprar durante todo el fin de semana o el poder ir al banco por la tarde; queremos que haya salarios dignos pero queremos adquirir los artículos que compramos a precios lo más bajos posible; decimos que hay apostar por la colaboración frente a la competitividad pero luego dedicamos años a estudiar “oposiciones”; decimos que los bancos son unos canallas pero les encomendamos nuestros ahorros; queremos que al pedir un crédito nos pongan un interés bajo pero cuando depositamos nuestros ahorros buscamos el producto financiero que más interés nos puede otorgar, etc, etc.

El capitalismo lo llevamos dentro, lo mamamos a diario a través de las relaciones laborales instrumentales, de la publicidad que nos empuja a las dinámicas consumistas, de los mensajes de los medios de comunicación que lavan la imagen del sistema todos los días y a todas horas, del lenguaje manido y de una racionalidad que hace que los defectos se vean transformados en virtudes (el interés individual se convierte en motor del progreso social, la competitividad prima sobre la colaboración, el hacerse a sí mismo se antepone al reconocerse necesitado de los otros, etc). Pero es fundamental recordar que esos no son los únicos mensajes que recibimos, también recibimos mensajes de quienes van contracorriente y apuestan por experiencias laborales donde vivir la colaboración y la autogestión; de quienes se niegan a poner su saber al servicio de los poderosos y lo hacen buscando la promoción de la gente; de quienes optan por vivir la gratuidad comprometiendo su vida en líneas de una militancia en pos de mayor justicia social; de quienes viven agradecidamente por haber tenido compañeros de camino que les han ayudado a crecer humanamente y espiritualmente…

El capitalismo provoca en nosotros profundas contradicciones que en la crisis se han resumido, por parte de los economistas, en la frase: “la gente ha vivido por encima de sus posibilidades”. Sí señores, así ha sido, pero quienes han favorecido esta dinámica, los culpables de la misma, han sido los grandes beneficiarios de esta crisis, algunos de los cuales ya se han citado al principio de esta reflexión, y no la gente de a pie que ha pagado, y de qué manera, su error como ya hemos visto también. No se puede culpabilizar a los que han sido los grandes damnificados, aunque sí hay que marcar su parte de responsabilidad en todo esto y aprender la lección de que los cantos de sirena del capitalismo no nos llevan a buen puerto.

Necesidad de una respuesta social

Vivimos momentos en que lo social, que parecía fragmentado y en estado de latencia, ha despertado y ha adquirido cierta relevancia y estructura especialmente después del 15-M. Su papel de protesta, de denuncia del poder establecido, de lucha contra la impunidad y el anonimato de quienes han generado esta crisis ha sido significativo. Pero además de esa tarea más estructural, lo social ha de servir para ayudarnos mutuamente a contener y combatir al pequeño capitalista que llevamos dentro, y a abrirnos a dinámicas de relación y humanización que nos ayuden a aprender a resistir y, al tiempo, a abrir cauces de una cultura y una praxis donde el beneficio deje paso a la gratuidad. Resistir y al tiempo construir; denunciar y al tiempo proponer.

No atribuyo el monopolio de esta tarea a lo social, también la política tiene un papel esencial, pero siempre que sea una política protagonizada por la ciudadanía para que no se aleje de lo cotidiano, de lo real, del sufrimiento y también del disfrute de la gente.

Estamos en un punto en que el sistema ya no busca convencer, la virulencia de la crisis ha desbordado su discurso justificador, le basta con nuestra aceptación, le basta con que el pequeño capitalista siga teniendo unas cuotas de poder suficientes como para mantenernos en la resignación, en posturas conservadoras aferradas al miedo a perder lo que se tiene, o en el mejor de los casos, haciendo una gestión de cuenta gotas de “nuestra generosidad”.

Si la política cede ante la economía dejando la gestión del bien común en manos de los mercados, y si lo social no hace de dique de contención, el enfrentamiento será muy desigual: el sistema contra el individuo. Y en esos términos la batalla por la justicia social está perdida ya que el mercado no entiende de personas, ni de emociones, sólo de beneficios.

En la crisis hay que abrir ventanas, hay que sentirse más necesitado que nunca del otro, hay que poner al servicio de los demás las capacidades que poseemos, hay que saltar por encima de los prejuicios ideológicos, hay que romper el miedo a imaginar, hay que pensar en común, soñar en común, luchar en común. Y hay que hacerlo, primero, porque es lo más auténtico de cada uno de nosotros mismos y, segundo, porque como decían en la revolución mejicana: “O peleamos juntos o nos cuelgan separados”.

Quisiera acabar esta aportación con una frase de una activista islandesa que tiene mucho calado político cuando se conocen las luchas reivindicativas que allí han tenido recientemente: “Si el gobierno no cuida de los ciudadanos, los ciudadanos cuidamos de los ciudadanos”. Reforcemos, por lo tanto, lo social para ir construyendo una economía y una política cuyo centro sea la persona. No dejemos pasar el momento ni dejemos el protagonismo en manos de otros, es un lujo que la actual realidad social nos dice que no nos podemos permitir.

Anuncios

Acerca de @transonlohk

Alegría para luchar, ¡organización para vencer!
Esta entrada fue publicada en Citas y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s