Eso es lo que quieren.
Que vayamos suplicando y arrastrándonos
por un pedazo de papel
que gobierne las cadenas
que ya nos atan a ellos.

Quisiera plantar un huerto y vivir cerquita,
recoger una manzana cuando tuviera hambre,
regarlo de vez en cuando, quitar las malas hierbas,
tumbarme al sol a esperar verlo crecer.

Pero eso es complicado, incompatible,
tiene que hacerse muy lejos de aquí.

¿Por qué no es posible?
Por los ladrones de fruta, por el mal tiempo,
por el riesgo a perder las cosechas, por el vacío,
porque en el campo no hay discotecas…
Todos esos motivos son absurdos y pueriles.

Pero hay uno más poderoso:
que al campo no llega internet.
Patético motivo, pero comprensible
si se tiene en cuenta la unión global.

No quiero irme al campo para aislarme, sino para unirme aún más.
Quiero un ritmo lento sin distracciones publicitarias.
Alimentarme de lo que la tierra da, compartir historias y saberes.

Tal vez los templos japoneses se reciclen con antenas wifi,
entonces ése será un buen plan para mí.
No puedo irme al campo a leer libros así porque sí,
-eso es evasión, en las condiciones actuales-
sino a ser parte de algo mayor que mí mismo.

A un lugar donde no tenga que suplicar trabajo a nadie,
donde la cooperación sea algo normal y asumido como bueno.

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Acerca de @transonlohk

Alegría para luchar, ¡organización para vencer!
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