Algoritmo de catalización aplicado a la transcripción de faltas de asistencia – O de cómo descubrí nuevas formas de motivarme para hacer mejor mi trabajo – Mística existencialista de despacho

Tras algunas situaciones realmente desagradables, en cuya raíz se hallaba una intensa pasión ambivalente hacia el concepto de “función pública” (resuelta finalmente mediante la máxima “Yo sirvo a los ciudadanos, no a jefes políticos de dudosa moralidad y cuestionable capacidad de raciocinio”), el lento paso de los años ha grabado finalmente en mí la costumbre de invertir parte de mi tiempo en tratar por todos los medios de ser mejor en mi trabajo.


Debo reconocer que ahora me siento mucho mejor. Gran parte de mis penas venían del hecho de considerar que mi puesto de trabajo no era útil, que estaba desaprovechando capacidades, que haría bien en irme a otro sitio. Pero esa consideración partía de la errónea concepción de que debo limitar mi rutina diaria de trabajo a hacer lo que esperan de mí y nada más. Ojo al “nada más”, que sospecho que es la idea de trasfondo que se ha deslizado en los cerebros de la mayoría de mis compas, llevándoles a adquirir grotescos pasatiempos como la lectura de revistas o la decoración de uñas en esos ratos libres a los cuales el irregular volumen de trabajo de esta categoría nos condena. Es fácil perder la moral cuando unos meses del año el ritmo de trabajo es frenético y otros los días pasan sin hacer poco más que atender a unidades parentales, responder llamadas de teléfono, hacer breves consultas a la base de datos y aburrirte de revisar por décima vez un archivador que sabes de sobra que está perfectamente ordenado. Unas épocas del año nos sobresaturamos y otras parece que no servimos para nada más que para prestar bolígrafos. ¿Existirá alguna forma de compensar artificialmente esta situación absurda? ¿Se podrá hacer algo con las horas muertas para que las vivas sean menos estresantes?


Yo creo que sí existe una forma tal y de hecho la estoy poniendo en práctica intensivamente.


Antaño yo era un idealista, aun dentro de mi mentalidad absurda. Llegué a pensar que la única manera efectiva de sentirme a gusto dentro de este sistema injusto era iniciar una huelga a la japonesa destinada a convertir en innecesario todo ese “sacrificado esfuerzo” de esa gente entre cuyas prerrogativas no se incluye la de trabajar por la satisfacción efectiva de las necesidades humanas básicas. Una vez me di cuenta de que me iba a ser del todo imposible obtener la autorización necesaria para realizar trabajo administrativo extra que facilitase el funcionamiento de la Consejería de Hacienda y la Fiscalía en la investigación de los grandes defraudadores, de esa gente que supone de 20.000 millones de euros de pérdida al Estado cada año [fuente], y tras la constatación de la estulticia y malevolidad inherente a los cargos directivos tras el aumento de hora y media a la semana que sobrevino a toda mi categoría, llegué a la conclusión de que desde mi puesto de trabajo no me iba a ser posible trabajar directamente por el fin de la crisis en su raíz (un objetivo hacia el cual deberían estar enfocándose el total de nuestras fuerzas, no como ahora que se dirigen hacia cómo exprimir aún más la Administración para pagar la deuda ilegítima contraída por los plutócratas con los bancos sin importar el coste de vidas inocentes que arrastre tamaña locura) tomé consciencia de un nuevo hecho: que debería empezar por barrer mi propia casa y luego ir a más. Y es por ello que decidí empezar a investigar una nueva forma de llevar a cabo mi trabajo, que compensase la desviación provocada por la centralización excesiva del reparto de tareas.


Reflexionando, hará año y pico que empecé a ver que esa “nada absoluta” que padecen algunos cuerpos administrativos es un concepto ilusorio. En realidad hay muchas cosas que se pueden hacer. En todo trabajo asalariado hay tres tipos de tareas: “las que hacen falta”, “las que hago para poder hacer mejor las que hacen falta, porque quien debería encargarse de eso no existe o se pasa el día realizando tareas que considera más interesantes como jugar al solitario o gestionar sus inversiones en Bolsa” y “las que hago más allá de mi sueldo sin que me las pidan y a sabiendas de que nadie me las va a agradecer jamás”. A mí me gustan las del segundo tipo, las encuentro más sexis. Las del tercer tipo no las considero tareas propias del trabajo asalariado, por definición (corresponden más al trabajo esclavo o al voluntariado, pero desafortunadamente el trabajo asalariado suele incluirlas).


Yo no me caí Del Guindos ayer (qué chiste más malo xD), sé perfectamente qué trabajo tengo que hacer y cómo hacerlo. Pero mi mente es demasiado inquieta y vaga sin parar entre mundos abstractos, ¿qué le voy a hacer? Estoy vivo y participo de un sistema repleto de fallos e inercias torpes. Me cuesta olvidar que el dinero de los y las contribuyentes, recaudado mediante impuestos, se está empleando en mantenerme vivo a cambio de que haga todo lo posible por facilitarles su trato con esta entidad descomunal y en muchas ocasiones estúpida llamada “Administración Autonómica” (cuando digo estúpida me refiero a que su código de programación está mal hecho y provoca frecuentes situaciones incómodas, como puede saber cualquiera que haya navegado a fondo por él y tenga ya cierta experiencia laboral), y es por eso que tomé la decisión de emplearme a fondo en automatizar mis funciones y comenzar a tomar nota de manera sistemática de todo aquello que hago, con el fin de poder tener más tiempo libre para obtener espacios de calma interior desde los cuales meditar acerca de los procesos diarios en tanto que algoritmos editables con los cuales poder hacer aún mejor mi trabajo y con ello tener más tiempo libre, ad infinitum. O hasta que logre construir un robot que haga todo esto, forzando a la Administración a echarme o a transferirme a una zona donde sea más necesario.


Entre otras cosas estoy elaborando un sistema de anotaciones que he titulado, de forma bastante friki, “Sistema Hiper Operativo” e invierto los ratos de tiempo que arranco a la rutina gracias a mi habilidad en ampliarlo y mejorarlo. Su finalidad obtener una especie de “Codex Administrorum” donde quede referenciada cada una de las acciones que puede realizar una persona en mi puesto laboral. Es algo que eché de menos cuando entré aquí, una “librushka” de funciones con tutoriales para cada una de ellas y actualizable a medida que el trabajo cambie.


Pero nunca es tarde si la dicha es buena, ¿verdad? Mejor eso que consultar el Marca de manera compulsiva… >__< ieeej


Una de las disciplinas en las que me aplico es en la de mejora de algoritmos. Por ejemplo, para pasar información desde un soporte de papel al ordenador. Es una de las tareas más tediosas y sujetas a errores, pero yo la he convertido en un entretenimiento similar a hacer avanzar una nave espacial por la pantalla de un ordenador en busca de naves alienígenas que destruir =) Y es así que ahora lo enfoco como un reto y  no como una carga. Al fin y al cabo se ponen en marcha las mismas regiones del cerebro, ¿no? ¿Por qué iba a tomarme una como un juego y otra como una condena perpetua? Mi cerebro no procesa esa paradoja y la rechaza. Tanto en una actividad como en otra, tanto en lo lúdico como en lo laboral, puedo dedicarme de forma sistemática a la mejora de mis capacidades. Resulta agradable cuando luego, fuera de la vida laboral, descubro que me he vuelto más ágil e intuitivo gracias a trabajos de entrenamiento de este tipo.


Y en ello estoy.


No hay tantas diferencias entre el juego y la realidad. El nivel de seriedad, tal vez, pero eso es algo subjetivo: conseguir el 100% requiere de una capacidad de revisión que tal vez no parezca necesaria cuando “se trata únicamente de un juego”, pero que si se interioriza mediante la práctica lleva al organismo a la costumbre de buscarla también en el mundo real. Después hay que pasar una fase desagradable en la cual toca asumir que no siempre se puede conseguir el 100%, que la perfección es imposible y bla, bla, bla… retórica demagógica inventada para que nos conformemos con la mediocridad y no intentemos ir siempre más allá de nuestras posibilidades. ¿Tan difícil es añadir a todo eso que “es necesario revisar el estado de lo adquirido con el fin de no involucrar sistemas vitales en el desafío”? La cura del perfeccionismo consiste en perfeccionar el perfeccionismo en sí.


El S.H.O. avanza y -sobre todo ahora que estoy engarzando las notas mediante código HTML- va tomando consistencia. Hoy, por ejemplo, he terminado de codificar los algoritmos para la transcripción de faltas.


Puesto que la aplicación que usamos para informatizar las faltas de asistencia del alumnado es una carraca obsoleta entre cuyas múltiples deficiencias se encuentra la imposibilidad de introducir la información mediante teclado -dejándonos a las operadoras en la desagradable situación de tener que pasar datos a clic de ratón, con la de errores que eso puede conllevar entre que pasas la mirada del papel a la pantalla y de la pantalla al papel-, he comenzado a programar un código que le ponga las cosas más fáciles a mi cerebro a la hora de memorizar los datos durante las operaciones, con la consecuencia directa de una reducción drástica en el número de veces que necesito consultar el documento original en papel. La prevención de errores de esta técnica consiste en ejercicios regulares de mejora de la habilidad y en repasos rutinarios de los datos introducidos.


Veamos cómo funciona con un…

CASO PRÁCTICO:


Dado que los días 10, 11, 24, 25, 30 y 31 de abril de 2012 son fines de semana, las faltas correspondientes a los días “1, 7, 9, 12, 20, 21, 22, 23, 26, 27 y 29” de ese mes quedan convertidas en “ini, 7huecoplús, 20a27 y fin”. Se logra pasar de 11 a 4 elementos, lo cual facilita su digitalización al tratarse de un bloque lógico mucho más reducido (y que por tanto ocupa menos bytes en el cerebro).



¡Olé!


La leyenda de códigos usados es la siguiente:


-Todo código es combinable consigo mismo y con los demás.
-“ini” referencia al primer elemento de la lista. No todos los meses tienen “ini=1”; algunos comienzan en fin de semana.
-“plus” indica que junto a ese día hay que introducir el siguiente. De esa forma, “5plús” incluiría a “5” y a “6”.
-“hueco” permite saltarse un día e incluir al siguiente. Por ejemplo, “7hueco” incluiría a “7” y a “9”. En el caso práctico se ha combinado con el guión anterior para obtener “7huecoplús” que incluye a “7”, “9” y “12” (no olvidemos que “10” y “11” son días no-lectivos). “Hueco” también se puede comprimir silábicamente para obtener “hue” (al gusto del consumidor).
-“a” implica un rango inclusivo. En el ejemplo, “20a27” incluye a esos mismos días y a todos aquellos comprendidos entre ellos.
-“fin” se refiere al último elemento que puede formar parte de la lista.


Mientras me pregunto a qué dedican nuestros “jefecillos”  y “jefecillas” el dinero de las partidas presupuestarias, cuando nuestras herramientas digitales son sistemas prehistóricos nada intuitivos, poco amigables para el usuario y que llevan años sin recibir ninguna mejora estructural notable, mantengo la sonrisa y continúo mejorando en mi capacidad administrativa. Ahora ya sé que quienes toman las decisiones vitales nunca se han puesto delante de la aplicación a pasar datos de forma masiva y por eso desconocen lo latosa que llega a resultar y la cantidad de errores que se llegan a cometer por culpa de un diseño tan rudo, que no tiene en cuenta las situaciones de trabajo real. Ya no atribuyo a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez.


Por eso continuaré concretando mi propuesta a medida que sigo aprendiendo el lenguaje de programación en el cual está escrita la aplicación de base de datos que usamos. De esa forma no podrán decir que “no se hace porque no se puede”.


Pero no deja de ser triste que tenga que ser así. Que este sistema esté tan mal organizado y que, en vez de redistribuir trabajo de un órgano a otro (como de hecho hace cualquier sistema informático de los billones que hay en este planeta -un hecho que conoce de sobra cualquiera que se dedique a la neuroinvestigación-) aquí seguimos basándonos en los patrones clásicos y dogmáticos del neotomismo (por llamarlo de alguna manera xD) de que “A es A y B es B, tú eres barrendero y yo soy juez” sin permitir la rotación de personal ni la distribución en tiempo real de carga laboral.


Conste en acta que no estoy en contra de los servicios públicos como tales, sino de los desastres a los que nos lleva su gestión jerarquizada, opaca y exclusiva. Una empresa privada basada en esos mismos principios lo va a hacer igual de mal, y encima sólo puede ser controlada por sus accionistas. Creo en la existencia de una tercera opción, diferente a las anteriores y al mismo tiempo similar en cierto sentido. La reforma de la administración pública tal vez sea imposible debido a su complejidad que ha alcanzado el órgano, pero puede servir como ejemplo de cómo NO hacer algunas cosas en el nuevo sistema que ya está amaneciendo y que necesita de todo nuestro esfuerzo e ilusión para ir arrancándole competencias a esta maquinaria obsoleta y esclerosa. Para eso va a ser necesario algo más que mi esfuerzo individual hacia la perfección. Desde mi punto de vista, en el campo que a mí me atañe más directamente, creo que hace falta que lxs auxiliares de las diferentes secciones nos unamos y empecemos a compartir nuestras dinámicas de trabajo y nuestras motivaciones, que descubramos juntxs estrategias que nos permitan dinamizar el trato de los ciudadanos con la gestión de lo público.


Para mí es todo un reto, pues siempre he trabajado solo y he tendido al aislamiento. Pero en el último año he comenzado a reafirmarme en aquella idea que solía cruzar mi cerebro tiempo atrás, la de que “la cooperación es mejor que la competición”.


Yo ya sé cuál será mi aportación al nuevo sistema y trabajo a diario en su elaboración. Eso me da confianza y llena de sentido mi vida. Porque mi existencia podrá ser efímera, pero la información procesada por mí continuará rebotando de un cerebro a otro y seguirá provocando modificaciones en la materia aun cuando mi propio organismo se haya desensamblado y no pueda seguir procesándola. Gracias a ese fenómeno he podido vivir varias vidas que no eran la mía, al recibir y procesar la información procedente de fuentes alejadas de mí en el espacio y en el tiempo, y si la única diferencia entre mi “yo” y los otros era que éste en concreto está ahora mismo en ejecución…


Bueno, ya vale de mística por hoy :P ¡Acaban de llegar una nueva partida de curro!

Anuncios

Acerca de @transonlohk

Alegría para luchar, ¡organización para vencer!
Esta entrada fue publicada en Diario y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s