La alienación del burócrata

Cuando todo el trato con humanos de alguien se limita a ver sus fichas impresas en papel, resulta comprensible que comienza a alienarse y a tratarles como mercancías que pasan por sus manos, sometido el curso de sus vidas a las decisiones que ese alguien toma desde su despacho.

“A ver, pequeño… ¿qué hacemos contigo? ¿Te otorgamos el certificado o te dejamos esperando un mes más?”

Se podría pensar que para evitar esto se inventaron las leyes. Es probable que no fuera así, pero ya sé que cada periodo histórico reescribe la historia para que se ajuste a las nuevas necesidades. Asumiré, por tanto, que en la nueva sociedad las leyes existen como restricciones a esta alienación tan nefasta.

A las personas hay que conocerlas cara a cara. Y si esto no es posible, entonces hay que respetar la diferencia entre el papeleo y la vida.

Todavía me pregunto si no habrá algo mejor que las leyes para estas cosas. Me gusta la idea de los protocolos, pero aún es necesario diferenciarlos de estas cosas.

En cualquier caso, está claro que una ley que no ha logrado consenso no puede sino aplicarse mediante el imperativo de la violencia.

Pero aquí el debate se distorsiona y sus ramificaciones me agobian…

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Acerca de @transonlohk

Alegría para luchar, ¡organización para vencer!
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